El cimiento invisible de las ballenas: microalgas, krill y un océano que cambia

por Eloy Vallina - 17 de noviembre de 2025
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Cuando hablamos de proteger a las ballenas, solemos pensar en barcos que reducen su velocidad, redes modificadas o reservas marinas. Pero pocas veces miramos hacia abajo, hacia la base microscópica que sostiene a los gigantes del océano. Y es ahí donde empieza la verdadera historia: en las microalgas, el krill y una red ecológica que, hoy, se encuentra en una situación delicada.

  1. Microalgas: el origen de todo

El océano funciona gracias a una colosal fábrica fotosintética formada por miles de millones de microalgas (fitoplancton). Producen materia orgánica, capturan CO₂ y alimentan al zooplancton, entre ellos al krill, que es la base de la dieta de muchas ballenas.

Entre las microalgas destacan las diatomeas, especialmente nutritivas: ricas en lípidos, rápidas en crecer y con una estructura de sílice que favorece su hundimiento, contribuyendo al ciclo del carbono. Pero esa situación está cambiando.

  1. ¿Qué está ocurriendo hoy con las microalgas?

Menos diatomeas, más microalgas pequeñas

Estudios recientes en la Antártida indican que las diatomeas están siendo reemplazadas por fitoplancton más pequeño y menos nutritivo (haptófitas, criptofitas). Este cambio afecta directamente al valor energético del alimento del krill.

Descenso de productividad

En algunas zonas del planeta, como el Mediterráneo noroccidental, la productividad del fitoplancton ha caído hasta un 40 % en dos décadas. No es un fenómeno universal, pero sí una señal de que los sistemas de base están siendo alterados de manera profunda.

Efectos del calentamiento

El aumento de temperatura modifica la estratificación del agua y la disponibilidad de nutrientes. En los polos, además, la pérdida de hielo reduce la superficie donde prosperan ciertas microalgas que necesitan esa interfaz hielo-agua.

  1. El krill: el eslabón que sostiene a las ballenas

El krill antártico es un pilar del ecosistema. Millones de toneladas alimentan a ballenas, pingüinos, focas y aves marinas. También cumple otra función crítica: interviene en el bombeo biológico de carbono, transportando carbono hacia las profundidades mediante sus excrementos.

Desplazamiento hacia el sur

Modelos recientes muestran que algunas poblaciones de krill están migrando hacia latitudes más cercanas al continente antártico debido al calentamiento superficial y la pérdida del hielo.

Reducción en áreas históricamente ricas

En sectores del Atlántico suroccidental por encima de los 60° S, donde solían encontrarse densas agregaciones, ahora se detectan más zonas con baja o nula presencia de krill.

Microplásticos: un problema añadido

Se han encontrado microplásticos en el sistema digestivo del krill. Esto no solo afecta a su salud, sino que también reduce la capacidad del krill de transportar carbono al fondo marino, debilitando un mecanismo natural esencial para mitigar el cambio climático.

Migración vertical menos profunda

Se sabe ahora que no todo el krill realiza migraciones verticales profundas. En verano, gran parte permanece en capas medias, lo que implica que parte del carbono que moviliza no llega a zonas profundas. Esto obliga a revisar modelos de secuestro de carbono que asumían migraciones más extensas.

  1. ¿Cómo afecta esto a las ballenas?

Las ballenas barbadas dependen de ingestas gigantescas de krill. Un cambio en:

la cantidad,

la distribución,

la nutrición,

o la salud del krill

puede alterar su reproducción, su migración y su supervivencia.

Si además el krill se desplaza hacia zonas más meridionales, algunas especies de ballenas tendrían que recorrer distancias mayores o cambiar patrones de alimentación establecidos desde hace miles de años.

  1. ¿Qué se está haciendo?

Monitoreo científico del fitoplancton

Proyectos en Groenlandia y la Antártida miden cómo cambian las microalgas, su composición y su capacidad productiva. Las microalgas se están usando como bioindicadores del cambio climático.

Gestión de la pesca del krill

Organismos como la CCAMLR regulan su captura, aunque muchos investigadores reclaman medidas más estrictas debido a los cambios observados en su distribución y densidad.

Estudios sobre fertilización con hierro

Experimentos como LOHAFEX evaluaron si fertilizar zonas pobres en nutrientes podía estimular microalgas y secuestrar CO₂. Aunque generaron resultados interesantes, son medidas polémicas y no están consideradas soluciones a gran escala.

Protección del hielo y reducción de emisiones

Proteger las zonas polares no es solo salvar pingüinos: es mantener la “fábrica” de diatomeas que alimenta al krill y, en última instancia, a las ballenas.

Control de la contaminación plástica

Cada microplástico que evitamos que llegue al océano es un microplástico que no terminará en la cadena alimenticia ni en el organismo del krill.

  1. Conclusión: todo empieza en lo invisible

Detrás de cada ballena hay una cadena entera de procesos microscópicos y ecológicos que hacen posible su existencia.

Si cambian las microalgas,

cambia el krill,

y cambian las ballenas.

Cuidar lo pequeño es cuidar lo gigante. El océano es una red interdependiente, y su equilibrio empieza en el nivel más diminuto: organismos mucho más frágiles de lo que solemos imaginar.

Fuentes

  1. Vista al Mar – Cambios en las bases de la red alimentaria antártica

  2. CREAF – Reducción del fitoplancton en el Mediterráneo noroccidental

  3. DMI (Instituto Meteorológico Danés) – Composición del fitoplancton antártico

  4. Australian Antarctic Program – Desplazamiento del krill hacia el sur

  5. Phys.org – Distribución y migración vertical del krill

  6. Imperial College & British Antarctic Survey – Impacto del plástico en la función del krill

  7. SCAR Krill Expert Group – Efectos del cambio climático en el krill

  8. CCAMLR – Gestión de la pesca del krill

  9. Experimento LOHAFEX – Fertilización con hierro y microalgas

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